jueves, 15 de noviembre de 2007

Arquitectura naval - 10/10/03

La clase de náutica se eterniza mientras una luz difusa se cuela por los ventanales, glorificando las motas de polvo que flotan en la sala. Un movimiento, dos mesas a la derecha, capta mi atención dispersa.

Una compañera retira de su muñeca una cinta elástica, alza los brazos y pesca reflejos de sol sobre el mar de su nuca. La tensión del busto contra la tela y el gesto concentrado de su rostro la transforman, por un instante, en el mascarón de proa de un velero fabuloso.

Se vuelve. Me descubre.

Como un pirata que no espera cuartel, busco rápido refugio en la monótona voz del profesor.

1 comentario:

Llandera dijo...

Publicada en “La jornada semanal”, México 19/09/04