—¡Explotadores! —la voz del predicador resonó con fuerza en la lujosa avenida—. ¡Prepotentes!
Un corro de transeúntes se iba formando a su alrededor.
—¡Vivís allí arriba, aislados, donde el aire es tan tenue que debéis respirar vuestras propias flatulencias! —continuó en el mismo tono.
De una de las mansiones, salieron guardias armados que se acercaron al iluminado.
—¡Oiga! —exclamó uno que parecía el jefe— ¿No podría ir a rebuznar un poco más lejos? El patrón duerme...
Mientras hablaba, el tipo abrió un poco su guerrera mostrando un fajo de billetes.
—¡Tiranos! —rezongaba el predicador cuando andaba calle abajo seguido de sus fieles.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario