—Pero mami, si tengo que hacer los deberes…
—Como tenga que repetírtelo, te vas a enterar.
La excusa, casi suicida, no me ha valido de nada y bajo la escalera de casa acompañada del leve tintineo de la calderilla en mi bolsillo. Odio ir a comprar la lotería de los viernes. Tengo que esforzarme en poner un pie delante del otro para llegar hasta el vendedor, junto a la esquina.
Delante de mí hay dos personas haciendo cola, ¿cómo es posible que ellos no se den cuenta? No puedo entender que yo sea la única que lo haya notado. Llega mi turno.
—Me… me da uno, por favor —consigo articular, mientras mi mirada se siente irremediablemente atraída por sus lentes oscuras.
Porque allí, como cada viernes, se ven reflejadas la esquina, la farola, la papelera. Todo, todo, excepto yo.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario